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jueves, febrero 28, 2013

Que no quede impune, en la memoria.

Hay ciertos casos que trascienden más que otros, quizá sea por el uso de las redes sociales que vuelve el rostro de desaparecidos casi familiares a quienes estamos conectados, y su desenlace nos duele, en alguna medida. Pero otras víctimas quedan como un nombre y una inicial en esquinas de periódicos de crónica, algunos lo leerán y pasarán la página, quizá aliviados de que su vida en medio de todo está más o menos bien, conformándose con que sus problemas no están manchados de sangre.
Los periódicos se refieren a la víctima, el cadáver, el cuerpo. La víctima era una persona, que reía, que se sonaba la nariz, que de vez en cuando pudo soltar una carcajada. El cadáver era un ser caliente, vivo, de pie, autónomo. El cuerpo que desecharon en algún basurero, que se desangró hasta morir, perteneció a una persona que gritó asustada con todas sus fuerzas, que tuvo miedo ese último momento, que quizá deseó que el dolor se acabe encomendándose a dios. La víctima pensó si sus hijos vivirían o no para recordarla. El cadáver no es sólo el cadáver. Que no se pierda la memoria. Que sus muertes vacías, sin sentido, no se pierdan sin que alguien las recuerde, que alguien sepa, que también murieron tres otras mujeres este mes.
Este post no va a lograr justicia, la única manera que encuentro de que sus muertes no sean tan vacías es escribir de ello y recopilar todas los fragmentos de esas historias que encontré uniendo retazos, formando sus historias.
El 22 de enero desconocidos ingresaron en la casa de Norma C. (32 años), la maniataron y luego le cortaron el cuello. Su hijo de 11 años fue testigo de ese asesinato.
El crimen se registró aproximadamente a las 06:30 en el barrio La Bota, en el sector del Comité del Pueblo. Según la Policía, desconocidos ingresaron en la vivienda de Norma C. y la degollaron. Los agentes añadieron que los sospechosos maniataron a la mujer y a su  hijo de 11 años. El menor no resultó herido. 
A las 13:30, agentes de Criminalística aún permanecían en el interior del inmueble recogiendo posibles evidencias y huellas. Por ahora, el hijo de la víctima quedó a cargo de agentes de La Dirección Nacional de Policía Especializada para niños, niñas y adolescentes (Dinapen). No se registraron detenidos.

La segunda muerte ocurrió dentro el ex penal García Moreno. Carmen A. (22) fue asfixiada por su conviviente, según afirmaron familiares de la joven. La mujer fue a visitar a su esposo en el centro carcelario con sus dos hijos.
La familia de Carmen A. sostiene que el conviviente siempre la celaba. "Cada vez que lo visitaba en la cárcel, le decía que ella está con otro. Si eso fuera cierto, no lo hubiera ido a visitar cada fin de semana".
El llanto de una niña de tres años y de un varón de un año y medio en la celda 63 del pabellón D del penal García Moreno, ubicado en el centro de Quito, llevó a los guías penitenciarios a descubrir que al interior de ese cuarto se encontraban dos personas muertas.
Eran las 17:00 del domingo pasado, cuando los custodios del Centro de Rehabilitación empezaron a anunciar que el tiempo de visitas había concluido. Entonces, familiares y amigos de los reos fueron abandonando poco a poco la prisión.
Sin embargo, de la celda que desde hacía dos años ocupaba Manuel Ocampo Matute, de 47 años, los carceleros no obtuvieron respuesta. Solo escuchaban cómo los hijos del hombre, que habían ido a visitarlo junto con su madre, lloraban sin parar.
Cuando los guías ingresaron a ver qué sucedía, encontraron una escena terrible: Ocampo yacía colgado con una sábana de la litera en la que dormía; en tanto su mujer, Carmen Angulo, de 25 años, estaba tirada en el suelo, con un cable alrededor del cuello. El fino objeto había sido apretado con tanta fuerza que le provocó cortes profundos en la piel hasta asfixiarla.
La niña vio todo. “Ella nos contó que el papá amarró a Carmen y luego la empezó a ahogar con el cable. Mi hermana ha gritado, pero nadie la ayudó. Eso nos dijo la nena, que está muy afectada y necesita ayuda psicológica”.

El tercer crimen sucedió hace siete días en el norte de Quito. Un hombre apuñaló 15 veces a su novia, Mónica Z. (28), y luego la degolló, según su propia confesión.
En el caso de Mónica Z., la Policía afirmó que el novio se descontroló tras una discusión y la apuñaló. El sospechoso actuó con tal violencia que incluso casi decapitó a la muchacha. Junto al cadáver de la joven, los uniformados hallaron un cuchillo de 15 cm con manchas de sangre.

miércoles, febrero 27, 2013

Dos tipos de personas

El mundo también se podría dividir en dos tipos de personas, dependiendo de su respuesta a la pregunta "¿quieres saber primero las buenas noticias o las malas?". Mi teoría al respecto es que las que eligen primero las malas son los optimistas, los que creen que las buenas lo van a solucionar todo y dejar con un aire alegre, creen que todo estará bien luego de las segundas noticias. 
Los que elegimos primero las buenas somos los pesimistas, los que estamos agotados y no queremos saber nada peor a lo ya existente, elegimos las buenas primero como un respiro porque sabemos que al final todo va a quedarse en peor estado, y sólo pedimos un alivio temporal antes que todo vuelva a estar mal. 

martes, febrero 26, 2013

Pactos

Tengo una compañera del trabajo a quien su novio (a distancia) le prohibe salir a almorzar con quienes somos su grupo de trabajo, mujeres y hombres indistintamente. No puede ir a las celebraciones de cumpleaños ni reuniones empresariales. No hablo de ir a un bar un viernes por la tarde, porque además eso es algo que no hacemos. Algunos rumores dicen que es un pacto entre ambos, que mutuamente no se permiten salir con otras personas, no se sabe si la contraparte cumple con lo mismo, porque vive en otra ciudad. 

Lo cierto es que yo creo que eso está destinado a explotar, creo que de tanto estar cerrados a ver hacia los lados, un día va a venir alguien a mover el piso a uno de los dos y entonces todo se irá al carajo. Creo que lo sano es dejar, en la medida de lo sano, que salgan por su lado, vean lo que hay en el mercado y que estar juntos sea una decisión diaria. Elegirse entre tantas otras opciones, como una ratificación de su compromiso con el otro. Yo diría que algo así no puede funcionar. 
Pero la realidad me dice otra cosa, ya van juntos 8 años, van para el noveno y se avisora matrimonio a larfgo plazo. Quizá soy yo la que no sabe nada de relaciones.

viernes, febrero 22, 2013

Histórico

En un aún imaginario futuro, digamos 120 años adelante, suponiendo que la tierra aún esté poblada de raza humana, y que el método de enseñanza de historia se mantenga tal como lo hemos presenciado la generación que al siglo XXI llegamos, asistiendo a la escuela y leyendo libros en el que narran qué sucedió con el mundo en épocas pasadas.

El escenario más probable, es que desde una visión futurista miren atrás y concluyan que el declive latinoamericano fue propiciado por una tendencia “socialista” que llevó años para atrás en el desarrollo a la región latina.

Empezó en Venezuela y se fue ampliando en todos los demás países de la región, contagiados con un similar espíritu político, atascados durante los siguientes 30 años y con consecuencias graves por similar tiempo en adelante. Sesenta años perdidos en búsqueda de una revolución que era el tinte político de la época.

Una tendencia que pretende eliminar el consumo, y como consecuencia la necesidad lleva al retraso.

Sólo el latino se deja convencer por un utópico romanticismo de socialismo. Lo traemos desde la escuela, nos hablaron lindo de Cuba y mencionaron repetidamente las palabras imperialismo americano, como un mantra, pero con rechazo. Ese romanticismo latino es el que nos deja en el pasado. La gran Colombia, la gran potencia, la utopía de lograr ahora un sueño de hace 200 años.

Las mayores potencias hace 50 años que ya no piensan en comunismo, fallido, o en socialismo, en igualdad y eliminación de la propiedad privada. Se dejaron de cuentos y miraron adelante.
Únicamente la población latina que se siente afortunado por esa capacidad de reír aún en momentos de tristeza, que se cree un mejor guerrero por no haber perdido su espíritu soñador, se deja embaucar con esa idea socialista que nos atascará en este inevitable retraso.

martes, febrero 19, 2013

Justo

La inefable sensación de injusticia cuando uno cumple el contrato social, y les va mejor a aquellos que escogen el camino corto, el que se salta del “deber” y solo llega al resultado a través de guiños de carácter. Me explico.

Nadie dijo que la vida tendría que ser justa. La sensación de equidad es un invento humano, una necesidad del hombre para tratar de evitar malos sentimientos: avaricia, egoísmo, envidia. Si fuera todo justo, nos sentiríamos iguales entre nosotros, y trataríamos de vivir en aparente armonía sin envidiar que al otro le fue mejor con igual o menor esfuerzo. La justicia en este caso, es obtener igual retribución a igual esfuerzo. Pero la realidad, nos muestra con el dolor de esa cachetada, que la vida no es justa por defecto.

Con los años uno elige el camino, para mantener las cosas simples hablaremos de dos opciones: se vuelve más recto y estricto con sus elecciones, establece un cumplimiento cabal del marco social en el que se desarrollan sus acciones e interrelaciones con su entorno. O elige el estoicismo y un facilismo que pudiendo o no funcionar, está encabezado por la despreocupación absoluta como pilar. Caminos opuestos que bailan entre la delgada línea de lo que se establece moralmente como bien y mal.

Elegir hacer la fila, en lugar de colarse en el primer puesto confiado en que un porcentaje mínimo de la población es el que se queja cuando alguien quiere “pasarse de vivo”. Elegir tomar el ascensor solo cuando va de subida, en lugar de ocupar espacio de bajada para volver a subir y dejar a los otros afuera. Elegir hacer el curso online completo y no saltar las láminas para que el porcentaje de avance muestre el 100% completado. Elegir aprender y no buscar la trampa. Elegir pagar el primer día del mes la alícuota mensual, aun sabiendo que un 50% de los moradores no pagan las expensas porque no hay medida de coerción que obligue al pago. Elegir hacer las cosas bien, cumpliendo con el contrato social, y que te vaya igual que al que se mete en la fila, el que miente, hace trampa, se endeuda y no paga, escapa de las leyes con una solución rebuscada pero posible.

Y aun así, sabiendo que las cosas irían mejor si cedo un poco en la rigurosidad de mis actos, decido permanecer en el estricto cumplimiento de lo mandado, por estatista, porque lo normado no tiene pliegues o sorpresas, porque lo blanco y negro aunque no es más sencillo resulta entendible y practicable. O porque no me quiero parecer a ellos que desapruebo. Porque en ese momento que hice clic y decidí ser mejor persona de lo que fui los últimos años, elegí este camino y me sirve aunque la vida, ya sé, no sea justa.