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martes, enero 20, 2015

Requiem

"Si uno fuera a llorar cuando termina, no alcanzaran las lágrimas a tanto. Nuestras horas de amor casi divinas, es mejor despedirlas con un canto".

Esta es la canción de mis despedidas. Me encuentro tarareandola cada vez que un adiós se avecina, cada vez que un ciclo se cierra, que alguien se aleja, que emprendemos viajes, que la vida se acaba. Para toda separación, se va entonando esa canción sin darme cuenta y canta una vocecita en mi cabeza que trata de animarme y convencerme de que es normal, todo el mundo se despide, y el mundo sigue girando.

Soy experta en cuentas regresivas, creo en la solemnidad de dar el espacio que merece cada "última vez" cuando algo cambia. Voy contando las últimas veces, dignificando un momento especial para toda ocasión que no se repetirá y cada espacio que no volveré a transitar. Y sin embargo esta vez, mi despedida ha sido pretender que el tiempo no termina. Pasar los fines de semana igual que si hubiera infinitos por delante, tratar de no conmemorar el tiempo que se acaba.

Quizá este adiós es distinto porque al tratarlo con indiferencia he ido aplazando las lágrimas, no tiene sentido llorar a la víspera, estoy quizá esperando el verdadero "último instante" para dejar que fluya.
Comprender en este sentido que como ser humano, es normal que duela, es normal que se haga el nudo en la garganta que no me permite hablar, es normal que se sienta el vacío y la incertidumbre; pero puede esperar, esperar hasta el segundo preciso en el que tenga que doler, y decido pasar los últimos días como si no hubiera cuenta regresiva, como si fuéramos eternos.

Quizá también, no me siento con el derecho de penar. Parte de mí, esa que es cruel y me dice las cosas sin piedad, sabe que yo he estado en el otro lado de la historia. Que he sido quien se fue, y todo, todo lo que eso significa para quien se quedó en el que hoy es mi lugar. Y la culpa, o el no caer en el descaro, me hace creer que no estoy en posición de sufrir porque sería dar la razón a los reveses.

En el fondo tengo miedo. Quiero pensar en que ya me he despedido antes, que lo he superado. Me repito que es normal que duela, y debo ser fuerte para permitir que solo duela lo necesario, y ni un poco más. Tener la fortaleza para levantarme porque en el fondo somos babba y yo, con todo, todo lo que eso significa. Saber que no hay deudas por pagar, que no se trata de una lección, de castigos o devoluciones, simplemente es un paso necesario y que el cambio trae opción de mejoras. Pero sé que el tiempo se demora cuando estás incompleto, sé que me hará falta su risa y su alegría onmipresente. En el fondo tengo miedo.