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viernes, noviembre 27, 2015

De regreso

Estoy aprendiendo dos cosas.
La primera es desvincularme, dejar ir. Soltar lo que no puedo tener,  aún no es fácil evitar que se me rompa el corazón cuando me hice ilusión de algo que luego no sale. No sé a qué edad se aprende que el problema es la esperanza.

La segunda es a poner mas cuidado, cada vez que tengo el feeling de "esto se me va a caer/perder/regar" usualmente se cae o pierde,  así que ahora trato de poner especial atención a mi idiotez. Me he vuelto esas personas que todo lo que cae en sus manos se rompe, literal y figurativamente.
Por supuesto intento aprender, pero no es fácil; siempre he tenido la arrogancia de enojarme con la gente idiota solo por el hecho de ser idiota, jactarme de que yo no cometo errores cojudos como no enviar un adjunto en el mail que dice "adjunto el archivo de", de cuidar los detalles, de ver los colaterales antes que nadie. ..
Digo todo esto mientras le ruego al taxista que vuele xq la imbecil que me he convertido vio mal la hora del vuelo y tengo probabilidades de perderlo.
Entiendo que esto no es karma por mi arrogancia y por maltratar a la gente tonta que me encuentro en la vida, esto es que estoy distraída y en una racha de que si algo puede salir mal, es seguro que me va a salir mal.

El tema, como siempre, es que no puedo quejarme y decir que todo está en la pieza. Tengo un trabajo flexible bien remunerado,  tengo un lindo hogar amoblado, una cuenta bancaria que me dibuja una sonrisa, me siento amada, tengo mi cuerpo entero y al menos 4 de los 5 sentidos funcionan bien. Entonces ¿cómo levanto el teléfono rojo y me quejo con Dios de esta racha que estoy teniendo? Como le digo oye me perdí del circo del sol, me peleé con todos en la ofi, mi novio me dejó, soy pésima con la fotografía, y el departamento que quería comprar se emproblemó?
Parecen cosas chiquitas... y él tiene niños en Siria.

Así que aprendo que la independencia es arreglarse uno mismo y no ser carga o preocupación para el resto.  Intento aprender, y la mayoría de días no puedo y me doy por vencida. Esta soy yo, bajando los brazos,  dejando la esperanza y aprendiendo a desvincularme.

A esta hora debería estar en el aeropuerto,  le pregunté al taxista si falta mucho, me dice que no tanto, que es solo pasar el tráfico y estamos. Me lo voy a tomar como una metáfora de la vida. No creo que todo salga mal...  pasar el tráfico y estamos.

domingo, noviembre 22, 2015

Sin escalas


Dos que tres semanas de mierda. Al principio supuse que sería parte del proceso hormonal que todos los meses me toca fibras sensibles, pero resulta que el bajón se extendió por semanas y me quedo sin excusas para justificar la sensación de ausencia. 

Se cayó la compra del departamento. Alejé de mi lado a toda la gente que algo me importaba, y mandé al carajo a la gente que de hecho me cae como la pieza. Entre lo uno y lo otro apenas si quedó gente a mi alrededor,  por ser familia, les toqué  en la vida, no pueden hacer más que aguantar  las balas. 

Malas semanas para escribirme, amistades con las que no hablo en meses vinieron a asomar esta semana y ser testigo de una de las mayores explosiones de la historia,  aun no llego al punto en el que me importe tanto como para pedir disculpas, a la final hemos mutado de amistades muchas veces en la vida. 

Rompí toda relación personal en la oficina,  al punto en el que ahora prefiero quedarme en casa, la fortuna de poder decidir que no necesito ir y seguir haciendo lo de siempre, es una ventaja.  En eso salió el viaje a Perú, y retomo el blog desde el aeropuerto, un escape necesario tal vez, a menos evitará que siga destruyendo todo vestigio de interacción social. 

La expectativa fue sobrevivir a estas semanas con la esperanza de la felicidad que se avecinaba con la forma de una entrada que compré con 6 meses de anticipación y restauraría mi fe en la humanidad.  Por supuesto el problema es desear algo, y todas las probabilidades se conjugan para que la única función del cirque de soleil cancelada sea la que yo fui, antes del viaje. No importa cuantas decepciones se sumen, aún no me acostrumbro a que la vida me rompa el corazón.

Me escapo de todo esto, de elegir paletas de colores para la casa que no compraré,  de ver a gente insoportable en la oficina, de alejar a la gente que me importa. Estoy en el avión, en dos horas estaré  por primera vez en Lima, llevo la cámara quien sabe y aprendo a salir sola con ella, y buscar en la ciudad la oportunidad de encontrar algo que me apasione, hace ya una vida que nada me apasiona. Llevo un babballo, las cosas no pueden salir tan mal.