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viernes, septiembre 23, 2016

Sin paracaídas

Lo que aprendí en este año de separación, distancia y de tanto, es que las relaciones terminan. Suena obvio, pero quisiera a veces, volver a creer con la inocencia de la ignorancia en una promesa de eternidad. 

Es normal tener miedo el día que decides, finalmente, compartir en el mejor de los casos, una vida entera. Quiero creer que es normal, las dudas, la sensación de nostalgia por la vida propia que se vuelve compartida, no sólo por la madurez y el aprendizaje requerido, sino por todos los colaterales de lo que puede salir mal. 

Mamá dice que los matrimonios de ahora terminan a la primera, que cinco años es poco, que ella estuvo 20 años y que eso era real esfuerzo. 
Yo en cambio, creo en la finitud de las relaciones, creo en el amor - porque nunca estoy satisfecho*- pero no creo en el 'para siempre'. 

Se trata de todo, de intentos, de ceder, de querer, de empatía, de cariño, se trata de resignar y aceptar. 
No se trata de aguantar. A los 32 años llego con un divorcio y varias relaciones serias que terminaron a cuestas, soy excéptica a la idea de la monogamia, la fidelidad, el hogar, los hijos el perro, la cerca blanca. 

Y me lanzo al precipicio, porque me encanta volar. 

Es normal tener dudas, hay que reconocer que es una vida, dos personas diferentes, los riesgos. Son también las risas, los planes, la emoción ante lo incierto. Me lanzo, yo ya aprendí a sobrevivir a las caídas, soy fuerte, nada puede derrumbarme.

Para siempre, o hasta que el amor se acabe, lo que primero pase. 

jueves, septiembre 08, 2016

Manual de Relaciones Interpersonales V: De volver con los Ex

En algún punto todos hemos estado tentados a volver con un/a ex. 
Uno puede ser irreductible con algunas cosas, las lecciones aprendidas por ejemplo, pero por más decididos que seamos, el dolor de una separación siempre jala un poquito hacia volver. 
Yo soy de esas que no cree en volver con los ex, cuando he estado tentada me repito como un mantra "por algo son ex" y eso calma la ansiedad. A veces, no siempre. 

Yo he estado en los extremos, he decidido abruptamente a pesar del dolor no volver y he cerrado puertas con seguro, un poco por lecciones aprendidas o por conciencia, alguna vez con la certeza de que algo mejor llegaría a mi vida. Estuve también durante 4 o 6 meses en un ciclo de ir y volver cada 2 o 3 semanas, a veces porque era divertido, o porque la soledad me aburría un poco más. Y he vuelto con alguien con todo el corazón esperanzado, contando son que esta vez sea la definitiva, que no habrá necesidad de una siguiente, que es para siempre y con toda la entrega dispuesta a darlo todo. Así que hoy escribo aquí bajo todos esos escenarios de experiencia. Espero sus comentarios sobre sus experiencias y ver si coincidimos en opiniones.

Lo cierto es que aunque intente descifrar las relaciones en estos post de opiniones, como si algunos fuéramos iguales o como si hubiera recetas para los humanos, no siempre se puede ser tan estricto. 

Lo que nos lleva, como todo en la vida, a árboles de decisiones. Es una gran manera de pensar esquemáticamente. Por ejemplo, si tomamos mi mantra como una pregunta de disuasión para volver con un ex, y la respuesta no nos desanima. Digamos que no son ex por algo negativo, todo lo contrario, la certeza de las cosas buenas es mas fuerte, habría que abrir el árbol en una siguiente pregunta y cuestionar si es amor o nostalgia.

Hay que tener cuidado cuando se regresa con un ex sin estar claros los motivos, si es amor o si es nostalgia, porque el amor es capaz de hacer compromisos y ceder ante esas cosas cotidianas que nos molestan del otro, el amor puede dejar pasar ese ruido insoportable que hace al sonarse la nariz, o que no seque el baño después de ducharse, podrá ceder un poco las agresiones cuando uno de los dos responde en mal tono, y recordar con un abrazo que la vida es cortita como para pasar la tarde peleados si se puede pasar comiendo y riendo. La nostalgia en cambio se centra en las cosas buenas, como ese calorcito de su abrazo, esos momentos de paz insuperable, las palabras tiernas, la pasión o la calma; pero la nostalgia no recuerda gritos o decepciones, la nostalgia no perdona ni pierde. Regresar por nostalgia de la zona de confort sólo hará las cosas más explosivas, el golpe más duro, la recaída más fuerte. 

Y si fuera amor, definitivamente amor, abrimos nuevamente el árbol, en un cuestionamiento que me sigue desde las palabras sabias de mi hermano menor un día de desconsuelo "no todo amor, aunque sea real, es bueno"; así la sabiduría del peque me permite plantear esta última interrogante, ¿me hace bien?. Si la respuesta es no pues ya sabemos para qué lado se cierran las opciones. No todo amor hace bien, y amores hay muchos: intensos, pacientes, alocados, responsables, tiernos, necesitados, hay de todos los tipos y para todos los gustos, pero si no nos hace bien como individuos, no va, aunque duela, no va, y hay que soltar.

Ahora lo entiendo, usted y yo nacimos para amarnos, pero no para estar juntos. El regalo fue juntarnos sin garantía de eternidad.