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lunes, mayo 06, 2019

Pablito

Una vez más la vida es un ratito, y como siempre la muerte nos deja un sabor de deuda. 

A veces creo que la muerte nos golpea en lo peor de nuestra hipocresía. Lloramos a los que se van, por nuestro propio egoísmo, porque no los tendremos cerca, porque no hay más oportunidades de compensar, de rectificar, de acercarnos. 
Nos duelen los condicionales, a quienes permanecemos aquí pensando en todas las veces que pudimos ser mejores, extender una mano, un abrazo, una risa y lo dejamos pasar. 

Fuimos mucho, fuimos risas, conversaciones, cervezas, lecturas, películas, fuimos libros dedicados y cartas. Y luego fuimos nada más que fotos viejas como un recordatorio de que la vida nos cambia, nos separa. 

Qué consuelo absurdo encuentro si no creías en dios, qué consuelo de pensar que estás en otro lugar. Creíamos que cierras los ojos y se apaga todo, y esta vez se apagó. No hay vida después de la muerte, no hay conciencia en la nada. La inmensidad del vacío, y ahí estás tú, lejos de este dolor de quienes no encontramos como compensar tu ausencia. 

Tú tampoco querías estar vivo, a tí tampoco te gustaba vivir, así que te pienso en el alivio de la liberación. Creo que al igual que yo, te sentías atrapado en esta tristeza constante, esperando que esto pase. 
No nos vamos a volver a ver, no nos encontraremos en otro lado, no existe nada más. No hay nada despúes de tu muerte, sólo la culpa para quienes no pudimos ser mejores personas mientras estabas vivo.

Creo que no tengo a derecho a estar tan triste por ti, creo que te gustaría la ironía de cómo se supone que se debe uno despedir de una persona que en realidad no creía en algo después de la muerte. Creo que te entristecería este duelo amargo en el que nos dejas a quienes fuimos parte de tu vida. 

Hoy te pienso con todo este cariño que te tuve un día, que nos abrazó mil veces, el agradecimiento de estar para mí, consolándome y rascando mi cabeza, aquella vez que otro amigo falleció, y hoy que eres tú, solo pienso en esa imagen de estar recostada en tus piernas y recibir consuelo. Hoy no hay consuelo Pablito, hay planes de visitas postergadas, hay recuerdos que vienen y se instalan, nos quedan los libros dedicados. Te recuerdo Hiscariotte, me vas a acompañar hasta que yo también llegue a la nada. 

miércoles, febrero 20, 2019

Amar desde las entrañas

Quizá la confesión más dolorosa y honesta que me ha hecho la persona con quien he tenido la relación sentimental más larga y 'estable' de mi vida, fue decirme que nunca se ha enamorado intensamente. 

7 años de relación para enterarme que no ha sentido jamás la ansiedad de las mariposas en el estómago, la sonrisa que se coloca automáticamente en el rostro cuando piensas en el otro, la pasión enérgica de creer que el todo y la nada se reducen a un instante de tocarse mutuamente. 

Yo si he amado como canción de Savage Garden, he sufrido como Jarabe de Palo, he extrañado a lo Jacques Brel... he amado con todo mi hipotálamo inflamado de endorfinas. He fantaseado semanas, barajando posibles escenarios de enamoramiento, me he alegrado con el breve roce de un brazo en etapa de coquetería, y me he inventado diálogos, sueños, viajes, independientemente de si se dieron luego o no. 

Y (afortunada) me han amado con la ternura de las canciones de Ed Sheeran, han tenido gestos enormes, palabras bonitas, anhelo de sentirme cerca y la desazón de perderme cuando se terminaron las ganas de seguir intentando. 

Me han querido tanto y he sentido tantas veces la dicha de tocar el cielo en un instante, la intensidad de ser todo, esa emoción que luego se va calmando, que se va convirtiendo en un amor tibiecito y cómodo que te da seguridad, te da risas, te alimenta y acompaña. 

Sé que ese amor calmo, es lindo y abrigado. Ese amor que es amistad y complicidad, lleno de chistes internos, de planes a largo plazo, es tierno y te acostumbra. Sin embargo puedo aceptar resignarme a un amor cómodo, únicamente precedido por el intenso.

Finalmente, en el fondo no deja de dolerme y ponerme paranoica que estando con alguien que a sus 35 años no ha sentido en las entrañas ese amor que grita John Legend, se ha perdido lo mejor del amor, le he robado la oportunidad de sentirse vivo como nadie. Y me rompe por dentro, el inevitable desenlace.

Lo terrible de que te quieran poquito, es que llegas a convencerte de que es así como mereces que te quieran.