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miércoles, febrero 20, 2019

Amar desde las entrañas

Quizá la confesión más dolorosa y honesta que me ha hecho la persona con quien he tenido la relación sentimental más larga y 'estable' de mi vida, fue decirme que nunca se ha enamorado intensamente. 

7 años de relación para enterarme que no ha sentido jamás la ansiedad de las mariposas en el estómago, la sonrisa que se coloca automáticamente en el rostro cuando piensas en el otro, la pasión enérgica de creer que el todo y la nada se reducen a un instante de tocarse mutuamente. 

Yo si he amado como canción de Savage Garden, he sufrido como Jarabe de Palo, he extrañado a lo Jacques Brel... he amado con todo mi hipotálamo inflamado de endorfinas. He fantaseado semanas, barajando posibles escenarios de enamoramiento, me he alegrado con el breve roce de un brazo en etapa de coquetería, y me he inventado diálogos, sueños, viajes, independientemente de si se dieron luego o no. 

Y (afortunada) me han amado con la ternura de las canciones de Ed Sheeran, han tenido gestos enormes, palabras bonitas, anhelo de sentirme cerca y la desazón de perderme cuando se terminaron las ganas de seguir intentando. 

Me han querido tanto y he sentido tantas veces la dicha de tocar el cielo en un instante, la intensidad de ser todo, esa emoción que luego se va calmando, que se va convirtiendo en un amor tibiecito y cómodo que te da seguridad, te da risas, te alimenta y acompaña. 

Sé que ese amor calmo, es lindo y abrigado. Ese amor que es amistad y complicidad, lleno de chistes internos, de planes a largo plazo, es tierno y te acostumbra. Sin embargo puedo aceptar resignarme a un amor cómodo, únicamente precedido por el intenso.

Finalmente, en el fondo no deja de dolerme y ponerme paranoica que estando con alguien que a sus 35 años no ha sentido en las entrañas ese amor que grita John Legend, se ha perdido lo mejor del amor, le he robado la oportunidad de sentirse vivo como nadie. Y me rompe por dentro, el inevitable desenlace.

Lo terrible de que te quieran poquito, es que llegas a convencerte de que es así como mereces que te quieran.