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lunes, abril 09, 2007

Despedida

Es curioso como muchas veces asumimos un papel de acuerdo a la persona que tengamos al frente. De esta manera, si alguien muy pesimista viene hacia mi, yo actúo como vendedora de libros de superación, si es alguien que pasa todo el tiempo cabreado entonces adopto un rol de mujer analítica, racional y cortante. Si es alguien que solo asoma para contarme sus penas, yo como pésima consejera empiezo a consolar torpemente. Y así vamos actuando de una u otra forma, no de manera hipócrita o fingida, sino sacando de nosotros cada faceta que compone al ser que realmente somos. Yo, a veces Morelia, a veces objetiva, otras veces sumisa, o buscapleitos, inteligente, divertida, boba… no depende tanto del momento o el día, sino de con quien estoy tratando, supongo que eso es más divertido o interesante que ser siempre la misma persona.

El llanto se presenta de distintas maneras en cada persona. Hay quienes dicen que cuando Demi Moore llora se la ve guapísima. Yo me he visto desde diferentes ángulos en el espejo, para saber cual es el mejor cuando estoy ahogada en lágrimas pero es inútil. Las diferencias con Demi son notorias, está por demás decir que yo me hubiera quedado con Bruce aunque Ashton este re-mandable.

El otro día en el bus de regreso a mi casa trataba de consolar a Amelita, una amiga que tiene edad para ser mi madre y un carácter envidiable que solo con los años se logra. Vi sus ojos hinchados, sin ocultar su llanto, y la escuché hablar en pasado de su hija, anécdotas diarias, extrañándola como si estuviera muerta cuando en realidad la chica se fue para Alemania a estudiar y casarse con el hombre que la está esperando desde hace años.

Le dije a Amelia lo obvio: que tiene todo el derecho de vivir su dolor plenamente, de llorar y sufrir lo que quiera cuando las fuerzas le faltan, pero solo hasta cierto límite y que por favor no hable como si la chica hubiera fallecido, que debemos acostumbrarnos a que si así es la vida y que por supuesto tiene todo el derecho de callarme, porque yo no soy madre y no se lo que se siente perder una hija.

Yo abandoné a mi madre dos veces, la primera por año sabático en las islas y la segunda para formar parte del grupo de la nueva generación de flamantes esposas no-quiero-tener-hijos-nunca, sentí pena innegablemente, pero nada comparado a cuando ella se fue a cumplir papel de migrante/madre-que-busca-mejor-futuro-para-sus-hijos. De todas maneras aunque la mayor agonía se sienta en la soledad, el verdadero dolor se aprecia recién en la despedida, ese momento crucial del abrazo cariñoso y las palabras llenas de buenos deseos silenciados por un nudo en la garganta.

Las despedidas nunca me han sido fáciles, por lo menos yo soy de las que prefiere evitarlas y puede ser que eso me venga de una costumbre heredada, de un padre que partió innumerables veces sin nunca decir adiós lo que hacía la soledad más profunda, pero difería el dolor y las interrogantes de la despedida.

La nena se ha ido, quedamos en vernos para una tarde de chismes la semana anterior y nunca concretamos, ella me escribió a decir que el jueves no podía, mejor otro día, el cual nunca llegó por que yo no quise escribirle a concretar, sencillamente porque me cuesta aceptar que cada una tiene una vida ahora y que de aquí serán muchos años sin vernos. El domingo me llamo a decir que ya estaba afuera del aeropuerto, le conteste como si me dijera que iba a guayaquil por dos días, evite darle el abrazo, sentir el nudo en la garganta y despedirme para siempre o hasta un buen tiempo.

Hoy la encuentro en el msn y le hablo como si nada, como si aún estuviera trabajando al frente del cci y el viernes podríamos ir a tomar cerveza en la roys, me dice que esta conociendo su nueva ciudad, buscando casa, yo le hablo tranquila para no saber si siente que algo le falta y para no preguntarme si la extraño.

Por ahora quizá este post compensa mi desprendimiento, mi falta esa tarde en el aeropuerto y sirve de despedida cargada de buenos deseos. Trato de repetirme lo que dije hace unas tardes en el bus, que ese es el ciclo de vida y que las despedidas son lo que son; hay que dejar a la gente seguir su camino, y seguir con el nuestro sin mirar atrás.