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martes, junio 26, 2012

plan de salida sin plan


Salir a donde me lleve la noche es algo que aprendí allá. Y quizá lo único que me libra de una vejez inminente y absoluta. 

Una vez caminé con una amiga y un actor por toda la ciudad a la madrugada, para terminar probando el primer ceviche peruano de mi vida, a las tres de la mañana en la avenida corrientes, ahí donde Corrientes no es precisamente linda y turística. El actor era buena onda, con él nos colamos una madrugada en casa de uno de sus amigos, que vivían en colchones desparramados y rodeados de gatos; aparte, una de las cosas que más recuerdo, es que tenían cara de que los agarramos in fraganti en algo. No pregunté qué era, porque parte de las reglas de salir en modo aventura es no estresarse en los detalles. 

En una de esas probé una maravillosa Quilmes verde de litro que no me querían vender bajo el pretexto que era sólo para hombres que trabajan en la construcción, albañiles dije yo, y me pedí un pollo con papas para acompañar el desayuno temprano. 

O cuando fuimos con otros personajes a una degustación de vodkas, y luego cuando el plan pintaba para salir de capital y enrumbarnos al interior, nos paró la policía, nos quitó los autos por consumo de alcohol y teminamos caminando en San Isidro con una mini escandalosa, y un indecente dolor procovado por mis tacos de 12 cms, misma facha que me acompañó en el tren de la costa para volver a mi casa. El secreto, nunca dejé de sonreír. 

No lo hago muy seguido, porque inevitablemente empezaría a pensar en los riesgos de salir una noche con gente que conozco a medias, sin plan, sin rumbo, sin necesidad de volver sana y salva. Pero de vez en vez, me dejo llevar, subo al auto y no pregunto cuál es la dirección a dónde vamos ni si vamos a volver. 

Este sabado fui a una fiesta en el valle, estaba yo en pijama cuando pasaron por mí. En algún momento de la noche todos mis amigos caían con ropa en la piscina, y los dueños de la finca nos pedían con linternas que sacaramos los autos. Transcurrida una hora una caravana se adentraba, yo no sé dónde, vía al tingo. Nos perdimos de ida, nos perdimos de vuelta, la novia de quien conducía estaba enojada, el conductor más que molesto, el que conocía las direccones gritaba al teléfono pidiendo una seña, el otro, se lanzaba a quitar a éste último el teléfono porque quería algo de protagonismo. Quien me invitó me abrazó pidiendo disculpas, como si eso no fuera parte del plan, pero su propia frustración le impedía controlar las iras.

Yo que que soy una persona cabreada, de poca paciencia y de caras largas sonreía en mi asiento, servía el vodka para todos, y los calmaba diciendo, tómalo como parte de la noche, dar tres vueltas por el mismo sitio, demorarnos en llegar, regarnos el vaso encima por el movimiento del freno y acelerador, contar las bajas a partir de la media noche, gente que se acomoda a dormir en cualquier rincón y otros buscando ruta de salida.

Cabe aclarar que aunque eventualmente trato de ser una chica todo terreno, no tengo ese espíritu aventurero de la maniac pixie girl. 
En fin, el conductor que me recogió, también se animó a cruzar al otro lado de Quito para dejarme en casa, si no, quizá dormía en uno de los autos que se quedaron estacionados. Al final, mi único apuro era estar en casa al medio día del domingo para ir al fútbol, y luego empezar una semana en mi papel responsable de trabajadora eficiente, volver a mis cuentas al centavo, mi planificación permanente y postura psicorígida de mujer cabreada.

Pero de vez en vez, esporadicamente, está bueno salir y dejarse llevar a donde la noche decida.

viernes, junio 01, 2012

Obsessed

No estudié psicología y evidentemente no soy especialista en el tema. Pero voy a escribir acerca de los trastornos obsesivo compulsivos como si supiera de lo que hablo, sencillamente por gusto.

Una vez aclarado esto, procedo: Vi una temporada de la serie Obsessed, que trata de casos de gente con trastornos obsesivo compulsivos (TOC) que se somete a un tratamiento con la técnica  cognitiva de insensibilización, en el cual a través de la insensibilización logran avances en el manejo de su enfermedad.

Lo que más llamó mi atención del programa, es una frase: “No puedes controlar tus pensamientos, no puedes controlar incluso tus sentimientos, pero si puedes controlar tus comportamientos”.
La cantidad de veces en mi vida que me habré dicho lo mismo. Pero dicho en la tele retumbó más fuerte.

Los TOC suceden como una respuesta a la ansiedad, mucha gente crea rituales compulsivos en su vida para evadir esta ansiedad, los pensamientos negativos son muchas veces abrumadores y estos rituales son su válvula de escape. Asegurar una puerta repetidas veces, cepillarse los dientes por 30 minutos, lavarse las manos 100 veces al día, acaparar cosas, cientos, miles de cosas. Muchas veces estos comportamientos, son evidencia de un trauma, un miedo, una situación incómoda.

A mi manera de verlo, los peores son la Tricotilomanía, que es arrancarse el cabello o la compulsión por hurgarse la piel hasta lastimarse. Y digo que son las peores porque el tratamiento en base a la exposición, es más difícil porque éstos comportamientos suceden todo el día, o en situaciones de ansiedad y una exposición per se provoca ansiedad anticipada.

¿Qué son las exposiciones? Las exposiciones se tratan de ubicar al paciente en una situación en la que se sienta incómodo, casi forzando un ataque de pánico, y hacer que éste se quede ahí. Cuando el nivel de ansiedad es de 10 (en una escala del uno al diez) y el paciente permanece en dicha situación, la ansiedad no puede mantenerse en 10 por un tiempo prolongado, así que paulatinamente desciende hasta la mitad.
Nuevamente se trata de saber que incomodidad está bien, que incomodidad es normal, que se puede vivir con ello. 
Si uno retrocede ese momento, la mente envía un mensaje que refuerza la compulsión: evitar las situaciones incomodas.

La idea es repetir las exposiciones ganando batallas pequeñas de manera que se genere insensibilización hacia lo que genera la obsesión, de tal forma que aunque el trastorno siga ahí, el paciente tenga suficientes herramientas para controlarlo.

Como cuando uno se compra un auto nuevo y lo empieza a ver por todos lados, es increíble la cantidad de obsesiones encontré entre mis comportamientos. Creo que hasta el momento, solo uno podría llegar a ser obsesivo compulsivo.

Hago listas. Hago listas para todo, lo que tengo que comprar, las cosas por hacer, las películas que quiero ver, las cosas que presté, listas de pros y contras. Listas de deseos, de lo que hice y de lo que haré.

Si bien no tengo una hora fija para levantarme, no lo hago a menos que el minutero sea múltiplo de cinco.

Tengo una manta de seguridad, y este es el complicado, porque el solo imaginarme no tenerla me genera ansiedad.

Llevo mis cuentas al detalle, al centavo, un Excel maravilloso lleno de fórmulas, tablas y colores que me anuncia lo que gasto, lo que puedo gastar, las proyecciones para los siguientes meses (de hecho, no miento, mientras escribía este párrafo me acordé que con el Excel se puede hacer una fórmula lógica para que me arroje un valor entre rangos, y me cambié de archivo por 15 minutos, sólo porque me encanta programar fórmulas en Excel) tengo que actualizar mi archivo al menos  o 2 veces por día. Pero tampoco es que me muera si no lo hago un finde ocupado.

Lo que no puedo bajo ningún concepto es un tema que adquirí de niña, y es que no puedo entrar a una habitación (o baño) sin antes encender la luz, me quedo en el portal, prendo la luz y sólo así puedo ingresar, eso se debe a un programa de terror que vi de niña, creo que no tiene ninguna nube de malos pensamientos asociados. 

En fin, basta de hablar de mi, a lo que iba es que si nos detenemos a ver, todos tenemos algunos comportamientos poco racionales mas o menos manejables, el problema surge cuando eso no nos deja continuar con nuestra vida normal, y es ahí (o cada quien lo interprete para lo que le sirva) la técnica antes explicada.