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viernes, julio 29, 2011

Parte 5 - Mercurius ter Maximus

Al rato me encontraba camino a casa cortando el viento a ritmo de death metal. Todo estaba muy claro; así debía terminar la noche: iría a mi casa, dejaría la bici, me cambiaría la camisa, al tiempo justo en que C me enviara el mensaje informándome sus coordenadas, e iría a su encuentro con la intención de meterla en mi cama. Sin embargo... 

Me cambié de ropa y quedé a la espera de un mensaje que nunca llegaría. Como no estaba dispuesto a perder ni un poco de la animosidad que me habían dado esas dos cervezas en el entretiempo del concierto, decidí salir a la zona de la mariscal; las posibilidades de encontrar a C eran mínimas, pero mayores de las que tenía si me quedaba en casa mirando el celular como un idiota. 

Con C no tengo que acudir a estrategias de galán fingidas entre sonrisas y miradas que ocultan alguna oscura intención. Aún cuando siempre me queda la duda de si a la mañana siguiente me veré envuelto en una situación incómoda de la cual no sepa cómo salir sin hacer daño. Y las obvias consecuencias de terminar algo que para mí, no habría ni siquiera comenzado. 

Caminé hacia la Calama y Reina Victoria, con la intención de tomar algo en el bar del Tota, encontré la puerta cerrada y el rumor en las calles de que había sido clausurado. Entré a la tienda y mientras me abría una cerveza la señora que atendía me comentó en tono de quien se sabe dueña de información valiosa que no era cierto lo de la clausura, la verdad era que mi amigo no pagó el arriendo "año tras año los veo pasar, es siempre lo mismo con esos locales, les va bien un tiempo y luego tienen que cerrar, la mala administración usted sabe, y todos los amigos que vienen a consumir como invitados; por cierto, es un dolar." 

Me pareció ilógico que todos los bares de rock corrieran con la misma suerte, mientras en la esquina hace diez años se escucha el ritmo de la bachata y la cumbia a casa llena, pero no quería discutir con la doña, pagué esa y la siguiente cerveza; a la una de la mañana me resigné a que no siempre se puede volver a casa con una presa entre los dientes, es parte del riesgo que se asume. 

Caminé hacia la Amazonas y en la tercera esquina giré a la izquierda, me acercaba con cada paso a varias representantes de la zona roja de la ciudad me ofrecían sus servicios a precios de menú. Saludé levantando la mano derecha y seguí mi camino, al llegar a la siguiente vereda me encontré con una rubia más bien bajita que me preguntó si tenía encendedor, me pareció una línea gastada, pero quién soy yo para negarle fuego a una chica que se inclinaba a propósito para mostrarme lo que no escondía debajo del escote. "¿hacia dónde vas?" preguntó, y le dije que a casa. Se auto invitó proponiéndome una noche que nunca olvidaría "podrás no recordar tu nombre, pero nunca una noche conmigo". Y al decirlo me miraba a los ojos, y por un momento creí que eso no le lo podía decir a todos. "y entonces, ¿te animas?" El brillo en los ojos de quien está a punto de cerrar un negocio. No me reconocía, me hubiese gustado llamarla por su nombre, Natalia, y probar si en su memoria aún quedaba algo de los días en la escuela, la declaración implícita de un amor incondicional en forma de caramelos. Me hubiese gustado ver si la luz en sus ojos se mantenía al llamarla como seguro nadie la ha llamado desde hace mucho tiempo, pero no lo hice. Terminamos el cigarrillo y decliné su propuesta con toda la gentileza que la nostalgia me permitió, esperaba un insulto similar al que me profirieron sus vecinas 15 minutos antes frente a mi rechazo, pero Natalia permaneció callada por unos segundos y luego dijo "nos vemos otro rato", yo contesté "sólo espero que no sea después de otros 20 años".


*Este post, supone ser la continuación de éste otro, escrito y luego brutalmente mutilado por un amigo. Yo se lo escribí en una suerte de reto, de ejercicio, y de ofrecimiento. Lo había escrito la semana pasada, y una vez terminado, lo perdí en mi teléfono celular. 



No creo que de la re escritura salga algo mejor, pero no tuve otra opción que tratar de rescatarlo de mi memoria. Siempre pensaré que el original me quedó mejor. Sin embargo, creo que es parte del juego de ésta historia en específico, ya que el post de la primera parte escrita por mi amigo fue absurdamente recortado hasta no parecerse en nada a lo que al comienzo leí. Y éste, también ha perdido líneas enteras y párrafos que no logro recordar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Una verdad irrefutable en esta vida es que por muy mal que nos ande yendo siempre habrá alguien a quien le vaya peor.
Te agradezco mucho el haber tratado con tanto respeto a mi personaje, realmente, tenías la libertad de hacer lo que quieras con el.
Tendrás noticias...
M.

Holden dijo...

¡Buen relato!

Efren (a.k.a. Ludovico) dijo...

no me convenció

So dijo...

Y bueno, depende del optimismo o pesimismo con el que te sirvas para definir mal, bien o peor.
Holden: ¡Gracias!
Efrén: Gracias también, como dije, a mi tampoco termina de convencerme, pero como todo ejercicio sirve de práctica.