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viernes, octubre 19, 2012

Parte 10

No existe el síndrome de la hoja en blanco. Está convencido que todo lo que no escribe se quiere quedar atragantado por una razón en específico. Cada ocasión que Andrés (decidió llamarlo Andrés) se queda detenido afuera de una puerta, o con el auricular en la mano a punto de saber quién llama, o volviendo a su casa, simplemente volviendo, y luego durante meses no retoma el texto, se queda guardado en un archivo y Andrés a la espera de saber qué viene después. Martín piensa que quizá alguien también lo escribe y describe, que ha vivido (o permanecido) los últimos meses en una pausa por condiciones externas, que nada puede hacer mientras otros dedos no tecleen sus propios movimientos. Que quien escribe ahora tampoco soy yo.

Hoy intercambió unas palabras con Julia tras 12 semanas de absoluto silencio (las ha contado); podría decirse que fue inevitable, pero supone que más bien fue al contrario. Hablaron unos minutos pese a que las amenazas de su hermano fueron algo más que simple fanfarronería, y lo sabe porque a pesar de ser su mejor amigo desde la escuela, han transcurrido las mismas 12 semanas desde que Martín no ha aparecido por su apartamento. Está seguro que en eso tampoco tuvo alguna opción, no sabe qué hubiera elegido y se alegra por la inercia con que las cosas suceden pese a su falta de coraje para decidir. Julia.

Lo llamó para comentar que se ira de viaje en unas semanas, duración indefinida, viaje de estudios mencionó tres veces. Parecía decir las cosas en desorden como si no las hubiera planificado, pero ahora recapitula divertido imaginando cuantas veces se preparó para inventar la excusa de devolver los libros.

Tampoco sabe quién contestó usurpando su voz. Pensaba una frase y sus labios pronunciaban otra. -enojo- Dijo un par de felicitaciones, consultas absurdas acerca del clima y el horario de vuelo. -se parece más a la tristeza- Mencionó algo respecto al hospedaje y los cuidados mínimos a tener en el período de adaptación. – gritar hasta su último aliento- Incluso se atrevió a un par de bromas sarcásticas respecto a su miedo a volar. – no te vayas- Y la felicitó nuevamente con un estereotipo de frase de alguna tarjeta de farmacia. 

Colgó, de dónde pudo haber salido esa risa lastimera casi al finalizar, ya acordarían lo de los libros, "no te preocupes por esas cosas ahora". Podría seguir jugando con esta pose de superación. Entonces pensó nuevamente en la teoría del personaje. Se acordó de Andrés y se sentó frente a la máquina, le dio un nombre y le quitó el polvo de encima, Andrés inmovilizado, lo sacude y desatraganta las cosas que tiene guardadas, es muy temprano para pensar en el final o en su partida.

1 comentario:

Efren Guerrero dijo...

A veces pasa demasiado tiempo en lo que se quiere decir. Al final, esas palabras terminan rotas en algun sitio...