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lunes, marzo 04, 2013

Edificio. Parte 2

El deterioro del edificio es la decadencia misma de quienes en él habitan. Nos vamos poniendo viejos, mal tenidos, cosas del tiempo, o algo así. La decadencia empieza por el 603 y sus propietarias: Dos siamesas mal separadas al nacer, cuyos pulmones de 83 años no tienen un respiro entre cigarrillo y cigarrillo. Alfredo, el esposo de una de ellas, no se sabe ciertamente de cuál, falleció hace ya una década.
“Alfredo sí que era todo un señor”, dice la del 602. Se desconoce si la categoría de todo un señor, se la otorgó la muerte o la mala memoria de la vecina. En tal caso, las viudas le sucedieron y permanecen, al parecer, eternamente. Doña Elena del 503 se queja de sus malos modales, porque las vecinas del 603 nunca la saludan, lo que molesta a Doña Elena es más bien que si saludan con su esposo, que con toda educación responde la cortesía, y luego es invitado a tomar café y pasar ahí la tarde, son cuestiones de modales, el no poder negarse.  
La del 202 es conocida por el misterioso caso de las pelotas desaparecidas, pero de eso ya hace años, esos niños dejaron ya el edificio, olvidando sus juegos, los gritos y la amenaza de la dueña del 202 cuando dijo que los accidentes podrían ocurrir si seguían jugando en el parqueadero.
Hace una semana la señora del 202 salía en su auto por el subsuelo, abrió la puerta eléctrica y apenas había subido 1 de los 6 metros de extensión de la cuesta que empinada a 45º da a la avenida principal, cuando se encontró con el vehículo de la del 501 en sentido contrario y al interior su conductora que pretendía descender hacia el parqueadero. La persistencia  no es característica única de las mujeres, pero en la Giralda, la necedad parece que se alinea al género, ninguna de las dos cedió. Los vehículos permanecieron enfrentados por más de veinte minutos. La del 502 escribía un mensaje de texto a su esposo, quien debería comunicarse con el administrador y solicitar el arbitraje de dicha contienda. La del 202 sacó la ley de tránsito y permaneció en su posición de que quien sube tiene preferencia, además estaba enfurecida por que la muchacha ‘no sacaba la cabeza del celular’, enigmas generacionales.
Los guardias jugaron sus apuestas y gritaban alentando por su favorita. Es difícil saber quién hubiera ganado, el conflicto no se resolvería sólo, fue interrumpido por la decadencia. Decadencia convertida en orina que había sido recolectada en un balde por las del 602 y lanzado a través de la ventana, calculo perfecto para caer sobre los vehículos y la única cabeza desprotegida que fue justamente la del administrador que bajaba a mediar el altercado.
El administrador subió empapado, limpiándose con las manos los restos de líquido que aún chorreaba por su cabeza, al grito desesperado de “cochinas”. Una vez en el sexto piso golpeó enfurecido la puerta del 602. Del otro lado el mutismo absoluto, todo tan callado que pareciera desde hace años deshabitado. El humo se filtraba por las rendijas de la puerta, en un silencio impenetrable. El timbre, los golpes, los gritos, la réplica del administrador chocaba contra ese muro quieto y silencioso, hasta qué más pudo el cansancio y las ganas de limpiarse. Bajó por el ascensor vencido, inclusive su furia había sido derrotada, pensando que en pocos meses serán evidentes los actos de venganza ante la decadencia, apenas tenemos tiempo para huir. Del interior del apartamento, minutos después, se escuchó apenas una risa.

4 comentarios:

Hiscariotte dijo...

Los capítulos que se le olvidaron a Perec (aunque uno de mis capítulos favoritos del edificio sigue siendo la-carta-del-administrador).

So dijo...

ya empecé a leer el de Perec, y con empecé a leerlo me refiero a que lo llevo en la cartera sin abrirlo. gracias el comentario se que te estoy debiendo, ya sé.

Efren Guerrero dijo...

confío que la historia no sea autobiográfica

Dani Caine dijo...

Gran frase para empezar "El deterioro del edificio es la decadencia misma de quienes en él habitan." Pienso que a partir de esta oración, múltiples cuentos y novelas podrían ser escritas. No decepciona nunca pasar por tu blog. Saludos.