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lunes, abril 22, 2013

La fuerza de la dulzura.

Mamá solía consolarnos diciendo que aunque no tengamos plata, Dios nos da lo más importante que es la salud. A un niño no le sirve eso de consuelo, quiero decir, siendo niño, tener salud no compensa la falta de todas esas cosas materiales, comestibles, de colores, nuevas y divertidas que harían la felicidad.
Lo cierto, es que estamos sanos, todos, los 4 que somos y agregados en primer grado. Y qué bueno, qué suficiente es eso, pero a veces no somos plenamente conscientes. Intenten pasar un día entero sin usar una de sus manos para nada, o un brazo. ¿Se imaginan la dificultad, de no ser completamente sanos?
Y entonces pienso en mis pequeños males, que como buena hipocondríaca he cultivado, se apilan junto a la sinusitis, rinitis, alergia al frío le digo a veces, migraña cuando me duele el cerebro por partes y por punzadas momentáneas, esos dolores de estómago que me mandan a cama, mi fibromialgia que es el poder de google conjugando mi cansancio o quizá mi excesiva pereza, el tema de que como no respiro, quizá por eso esté cansada. Pero es nada.
Pienso en mis tumores de fantasía, uno se diluyó tras una operación chiquita de la cual recuerdo más que el cirujano de SOLCA me dijo a media operación “si le advirtieron que nunca más va a usar bikini por la cicatriz que le va a quedar?” lo cierto es que casi ni se ve e igual ocupo el traje de baño. El otro es Willy, se llama así porque en uno de mis cuantas idas al médico por el dolor de estómago me dijeron que tenía el tumor de willman, googleando vi que se trabaja de un tumor que casi siempre se evidencia en recién nacidos, y no en personas de mi edad, pero igual si me asusté. En una tarde que tuve la primicia antes de descartarla, me pasé en una permanente  ilusión de “mi vida sin mi”, qué sería de aquellos que se queden, cómo iba a decidir pasar si me daban un tiempo. O cuando las bolitas regresaron a mi cuerpo, y pensé otra vez en solca y las biopsias, y al final fue que se me habían alborotado un poco las hormonas, nada más. Al final, mamá tenía razón, Dios nos da salud y todas estas cosas son apenas anécdotas porque estamos de lo más bien.
El cáncer, la enfermedad de este tiempo, nos acecha por todo lado, no hay discriminación de clase, de tipo de vida, de gustos, o actitudes. ¡PUM! Te golpea y te cambia la vida. La cantidad de amigos que tengo que pasan por esto. Cuanta fortaleza. Cuánto dolor. Veo sus cabezas rapadas en Facebook, y ya no son casos aislados, van tomando fuerza en número y no me imagino lo doloroso que debe ser estar ahí. Mi vida sin mí. Mi amiga Gigi escribió alguna vez algo como que no puede enojarse con ese monstro que ataca a las células de su madre, porque es el mismo cuerpo “mi mamá se come a mi mamá” dijo, y a mí me quedó retumbando la frase.
Me asombra la fortaleza con la que Dulce, por ejemplo, parece que está tomando su enfermedad. La veo y me da una sensación entre tristeza, y alegría o admiración porque se nota que la quieren y la acompañan, sé que lo va a vencer, por la fuerza de la Dulzura, y no puedo alcanzar a creer cómo se toma esto como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje.


Muchos deben ya haber visto la historia de Angelo Merendino  quien fotografío a su esposa durante las etapas de su cáncer

Son desgarradoras, dolorosas. Bellas. Terminé de ver las fotos, con una sensación de amar más a quienes amo, y rescatar la importancia de compartir tu vida con alguien que te ame.

1 comentario:

Loló dijo...

Pffff sin palabras So. Vivir la historia con alguien que amas mucho y verlo indefenso... es una de las cosas más desgarradoras que uno puede vivir.

Pero luchamos y estamos vivos como muestra de ello.