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miércoles, mayo 04, 2016

Hungría


No tengo idea cómo terminé en Budapest si es una ciudad de la que no había nada que llamara mi atención, pero esas cosas insospechadas suceden cuando se está planificando el viaje, lo de Ucrania se complicó y terminé en una ciudad que se divide en dos por el danubio azul. 

El parlamento es lindisimo, de día, tarde y noche, con matices diferentes con encantos distintos. Sé sus medidas, alto, largo, ancho, número de pilares y habitaciones, lo que un turista que escucha el audio guía aprende. Eso lo olvidaré con el tiempo, las fotos posiblemente se pierdan. La memoria del paseo el bote y las luces ojalá permanezca. 

Los húngaros son un regalo de Dios al mundo.  Es como ver esos estereotipos de belleza de los grupos musicales pero en vivo, andando en metro, trabajando de policias, al alcance de la mano (?). Belleza de hombres, Dios estaba muy contento cuando creó a los húngaros. 

Los precios caros. Quizá la vez anterior me ha impresionado de una manera poco usual. El año anterior Europa me resultó baratisimo en cuanto a ropa y normal o parecido a Ecuador en cuanto a comida, ahora no he podido comprar ropa, no le atiné a las semanas de rebajas. Aunque no vengo tan ajustada de presupuesto, hay locales que son impensables. Tampoco le atiné al sol, días nublados a donde viajo, pero al menos no sentí tanto frío como en Alemania.

Lo mejor que me llevo de Budapest es la enseñanza hermosa de cómo esta cuidad se ha reconstruido tantas veces de la nada. Como el castillo cuya construcción inició en por el año 1200 y un siglo mas tarde el rey dispuso darle otro estilo y empezar desde sus cimientos, y  luego la invasión turca que lo dejó en pedazos, y luego creo que fueron los austriacos... y volver a hacerlo, y una vez más en 1800, y  luego la guerra y otra vez reconstruirlo... y así toda la cuidad con sus puentes, sus edificaciones, 7 siglos en construirse con perseverancia. Me deja esa linda sensación de que todo puede empezar cuantas veces sea necesario, suena cursi ya sé. Pero cada quien va tomando los pedazos que necesita. 

El hotel bellisimo. El vasito de tequila, el llavero, los paseos, las cervezas. Las piscinas térmicas. El pollo a la paprika. 

Siguiente y última parada es Bulgaria. Ya sabemos que me voy a poner insoportable con cada letrero que diga Sofía. Sofi está en Sofi y esa es la cereza del pastel. 

Enviado desde mi smartphone Samsung Galaxy.