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jueves, enero 18, 2018

Vos

Maldije a la tormenta que te asustaba, Maldije a la lluvia que te mojaba, Maldije al viento que te despeinaba.
Maldije! Hoy golpeaste a mi puerta y bendije a la tormenta que te trajo, bendije a la lluvia cuando te quitaste la ropa mojada, y bendije al viento... que apagó la lámpara.
Bendije!

Este texto dio inicio a una de las relaciones platónicas más lindas que tuve, y cuando esta dejó de ser platónica y se volvió tangible, fue quizá la que más me marcó porque estaba en un punto de inmadurez particular, hay un antes y un después, y la persona que estuvo a mi lado en esa transformación probablemente salió muy golpeada. 

La última vez que lo vi, me reclamó que no fui capaz ni una vez de pedir disculpas. Y no era momento de pedirle disculpas. Ese es un ejercicio personal que toma tiempos diferentes en cada uno. Pasaron los años, ahora son muchos, muchos. Creo que en estos he sido capaz de reflexionar, reconocer mis faltas y pedir disculpas, sin decirlo, por miedo. Miedo a un rechazo absoluto, y miedo también a abrir una puerta innecesaria. 

Te pido perdón. Porque mi ambigüedad destruyó, no supe lo que quería y cuando lo supe no quise soltar. Te pido perdón, porque hice daño y porque aún mis recuerdos son piadosos conmigo y parciales. Si pudiera volver te trataría con mayor delicadeza, no te dejaría caer. Pido perdón y deseo que la vida te recompense.

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