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viernes, febrero 22, 2013

Histórico

En un aún imaginario futuro, digamos 120 años adelante, suponiendo que la tierra aún esté poblada de raza humana, y que el método de enseñanza de historia se mantenga tal como lo hemos presenciado la generación que al siglo XXI llegamos, asistiendo a la escuela y leyendo libros en el que narran qué sucedió con el mundo en épocas pasadas.

El escenario más probable, es que desde una visión futurista miren atrás y concluyan que el declive latinoamericano fue propiciado por una tendencia “socialista” que llevó años para atrás en el desarrollo a la región latina.

Empezó en Venezuela y se fue ampliando en todos los demás países de la región, contagiados con un similar espíritu político, atascados durante los siguientes 30 años y con consecuencias graves por similar tiempo en adelante. Sesenta años perdidos en búsqueda de una revolución que era el tinte político de la época.

Una tendencia que pretende eliminar el consumo, y como consecuencia la necesidad lleva al retraso.

Sólo el latino se deja convencer por un utópico romanticismo de socialismo. Lo traemos desde la escuela, nos hablaron lindo de Cuba y mencionaron repetidamente las palabras imperialismo americano, como un mantra, pero con rechazo. Ese romanticismo latino es el que nos deja en el pasado. La gran Colombia, la gran potencia, la utopía de lograr ahora un sueño de hace 200 años.

Las mayores potencias hace 50 años que ya no piensan en comunismo, fallido, o en socialismo, en igualdad y eliminación de la propiedad privada. Se dejaron de cuentos y miraron adelante.
Únicamente la población latina que se siente afortunado por esa capacidad de reír aún en momentos de tristeza, que se cree un mejor guerrero por no haber perdido su espíritu soñador, se deja embaucar con esa idea socialista que nos atascará en este inevitable retraso.

1 comentario:

Holden dijo...

Si te sirve de consuelo, es España estamos igual de atrasados. País viejo y nostálgico de viejas glorias pasadas, parecemos incapaces de adaptarnos a los tiempos modernos y olvidarnos de rencillas históricas y caciquismos de hace trescientos años.

Y eso nos está matando y sumiendo aún más en el atraso, de la mano de políticos incompetentes con las manos, eso sí, siempre llenas.