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martes, febrero 19, 2013

Justo

La inefable sensación de injusticia cuando uno cumple el contrato social, y les va mejor a aquellos que escogen el camino corto, el que se salta del “deber” y solo llega al resultado a través de guiños de carácter. Me explico.

Nadie dijo que la vida tendría que ser justa. La sensación de equidad es un invento humano, una necesidad del hombre para tratar de evitar malos sentimientos: avaricia, egoísmo, envidia. Si fuera todo justo, nos sentiríamos iguales entre nosotros, y trataríamos de vivir en aparente armonía sin envidiar que al otro le fue mejor con igual o menor esfuerzo. La justicia en este caso, es obtener igual retribución a igual esfuerzo. Pero la realidad, nos muestra con el dolor de esa cachetada, que la vida no es justa por defecto.

Con los años uno elige el camino, para mantener las cosas simples hablaremos de dos opciones: se vuelve más recto y estricto con sus elecciones, establece un cumplimiento cabal del marco social en el que se desarrollan sus acciones e interrelaciones con su entorno. O elige el estoicismo y un facilismo que pudiendo o no funcionar, está encabezado por la despreocupación absoluta como pilar. Caminos opuestos que bailan entre la delgada línea de lo que se establece moralmente como bien y mal.

Elegir hacer la fila, en lugar de colarse en el primer puesto confiado en que un porcentaje mínimo de la población es el que se queja cuando alguien quiere “pasarse de vivo”. Elegir tomar el ascensor solo cuando va de subida, en lugar de ocupar espacio de bajada para volver a subir y dejar a los otros afuera. Elegir hacer el curso online completo y no saltar las láminas para que el porcentaje de avance muestre el 100% completado. Elegir aprender y no buscar la trampa. Elegir pagar el primer día del mes la alícuota mensual, aun sabiendo que un 50% de los moradores no pagan las expensas porque no hay medida de coerción que obligue al pago. Elegir hacer las cosas bien, cumpliendo con el contrato social, y que te vaya igual que al que se mete en la fila, el que miente, hace trampa, se endeuda y no paga, escapa de las leyes con una solución rebuscada pero posible.

Y aun así, sabiendo que las cosas irían mejor si cedo un poco en la rigurosidad de mis actos, decido permanecer en el estricto cumplimiento de lo mandado, por estatista, porque lo normado no tiene pliegues o sorpresas, porque lo blanco y negro aunque no es más sencillo resulta entendible y practicable. O porque no me quiero parecer a ellos que desapruebo. Porque en ese momento que hice clic y decidí ser mejor persona de lo que fui los últimos años, elegí este camino y me sirve aunque la vida, ya sé, no sea justa.

3 comentarios:

Alfonso Arzube dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alfonso Arzube dijo...

No ser parte de la mediocridad de muchos es algo admirable en esta época, donde "Los Sabidos" son elogiados y los justos son burlados.
El cumplir el "Contrato social" es la base de principios y honradez que funcionan como combustible de las sociedades civilizadas.. Cada individuo que cumple, representa una estrella que brilla poco, pero ilumina tanto como el sol.

Alfonso Arzube dijo...

No ser parte de la mediocridad de muchos es algo admirable en esta época, donde "Los Sabidos" son elogiados y los justos son burlados.
El cumplir el "Contrato social" es la base de principios y honradez que funcionan como combustible de las sociedades civilizadas.. Cada individuo que cumple, representa una estrella que brilla poco, pero ilumina tanto como el sol.