Justo el día que empecé a enamorarme, ella me contó que quería una boda de ensueño. Se iluminaron sus ojos verdes, y el destello reflejaba en las ventanas.
Le serví otro café, mientras iba contando los lunares en sus mejillas y me extraviaba en el contorno de esos labios rojos.
Ella quería una historia de Nancy Meyers, y yo una de Fred J. Lincoln; y la quería a ella y a su risa enorme que asustaba los silencios en cada rincón de mi habitación.
Un vestido blanco y siete pequeñas damiselas que llevaran flores, un jardín extenso y una señorita en rojo.
Yo tomaba te, buscando desenamorarme. Entonces ella pidió un último café y tuve que despedirme para siempre y desensortijar mis dedos de entre sus risos.
La idea original fue tomada de este post del joven Ipab, quien probablemente quiso decir otra cosa en otro estilo.
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