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lunes, septiembre 12, 2011

El escritor como personaje.

Felipe es un perfecto personaje. Como persona, dista mucho de la perfección, es por eso, quizá. Que es atractivo, es verdad, aunque tiene los ojos pequeños y si te fijas bien, los dientes torcidos. Pero si, atractivo es. E inteligente, nos vamos acercando al combo completo. El problema, es que cuando lo tratas a profundidad, te das cuenta que sería imposible permanecer un tiempo prolongado con él.

Paranoia. En cada salida, permanece al menos la primera hora, mirando repetidamente hacia los lados, habla rápido, tropezándose con sus propias palabras, se rasca detrás de la oreja, se olvida de su propio discurso y pregunta “que te estaba diciendo? Ah si…” y prosigue agolpando las palabras, casi sin pausas. Habla mucho, habla alto, sin llegar a gritar, pero innecesariamente alto. Suelta un par de risas, baja la voz, mira nuevamente a los lados. Cierra su monólogo con una pregunta, que es una invitación a la contraparte, porque por supuesto, Felipe es muy cordial. A los pocos segundos, no tiene miedo de interrumpir luego y argumentar en contra, ¿ya mencioné que es un tipo inteligente? Auténtico, lleno de ideas, de opiniones musicales, políticas, sociales, siempre interesante. El problema surge en un detalle que quizá preferiría no haberme dado cuenta, lo he escuchado hablando con varias personas de los mismos temas que trató conmigo, repitiéndose textual, siguiendo un guion, como un discurso preparado. Pero vamos, no debo ser tan exigente, yo también me repito en ocasiones, el convencimiento de estar diciendo algo que se piensa cierto, sobre todo cuando creo que tengo la razón. 

Y es que esa es otra cosa, Felipe siempre cree tener la razón. No con arrogancia, sino como consecuencia de un largo proceso de pensar, deducir, comparar. No lo podemos tomar como un defecto; si hemos de buscar uno que sea esa necedad con la que finge indiferencia, cuando dice que las criticas no le importan, que no le hacen daño, cuando dice reírse de todo, y se ríe tantas veces con la misma risa programada, que es obvio que no le causa gracia ni indiferencia. Cuando dice que no le importa algo y habla tanto de ello, que uno empieza a sospechar que si le importa; cuando dice publicar sólo por dinero, que tiene cientos de ideas, que le da igual ser o no famoso. 

No mires más a los lados, relájate, diviértete, respira, estás conmigo, cuéntame de tu siguiente personaje, descríbeme sus enfermedades, sus miserias, describe una habitación pequeña, alfombrada, sin calefacción donde él se siente a escribir cada vez más asfixiado por el calor. El personaje hace lo que los dedos del escritor le dictan, ponlo a escuchar música, hazle abrir la ventana; Felipe me mira asustado: ¿lo vas a hacer saltar?

lunes, septiembre 05, 2011

Despedidas

No es tristeza, es domingo. Tenia claro que no debía hacer planes a futuro, pero cuando mis dedos se ensortijaban en sus cabellos, era imposible no imaginar un futuro a su lado.

Estoy seguro que era honesta todas las veces que dijo quererme, y lo fue aún más cuando empezó a callarlo. Esas cosas no se dan así nomás, muchas veces nos dejan con la incógnita, lo cierto es que son bastante claras, aunque no vemos las señales.

Al final, cuando ya todo hubo terminado, esperé un tiempo prudencial para que no se confunda con arrebatos nerviosos, y después me atreví a pedirle que se quede. Su respuesta, tajante: "imposible, me pides disculpas, sin mostrarme ni una sola cicatriz".

Y entonces partió, desenredándose de entre mis dedos, y las sábanas empezaron a sentirse frías. Lo peor que tiene la vida, es que todo se supera, y eso a veces me hace pensar, que en realidad nada es tan importante.

jueves, septiembre 01, 2011

Abstinencia

Día 1. No sabía que entraría en abstinencia. Me queda el recuerdo del último, bajo la lluvia, bien disfrutado hasta el final. 
Día 2. Dolor. No tengo ganas de nada. 
Día 3. Empiezo a darme cuenta, pero aún puedo soportarlo, por el bien de mi salud.
Día 4. Estoy contando las horas, buscando excusas, preguntando segundas opiniones médicas. Pido un plazo fijo, para no volverme loca.
Día 5. Cancelo mis citas, no confío en mi fuerza de voluntad pese a que he comprendido los riesgos. Lo peor, también tengo otras prohibiciones. Y estoy comiendo el triple.
Día 6. Mamá casi se olvida sus cigarrillos en mi casa, no le avisé, se dio cuenta sola. Esperaba que me los dejara, me pregunto si hubiera encendido uno, cuando estuviera sola.
Día 7. Poca tolerancia, mi nivel de paciencia disminuye. Estoy de mal humor para todo.
Día 8. El mal humor que sentí ayer no ha disminuido, ya probé comer mucho, y con chocolates. No hay manera de ponerme de buen genio. Para los que me recomiendan que tenga sexo: ¡tampoco puedo tener sexo y por qué no se van a la puta que los parió!.
Día 9. Hoy mi hermano dejó encargados cigarrillos en mi casa. Eso prueba la confianza que tiene en mi (?), y que al final soy una adicta responsable, no los he fumado, no lo haré. 
Día 10. Estoy pensando que quizá no estoy de mal genio porque no puedo fumar ni beber. Quizá estoy molesta por temas de dinero, la oferta laboral en colombia y mi relación; y uso como pretexto la abstinencia. Lo único que me faltaba, las consecuencias de una cirugía dental, como terapia psicológica.
Día 11. Tengo otros dolores que hacen que me retuerza, y evitan que piense en fumar o no fumar. Pensé además que la sacada de puntos no dolería, ah, están aún abiertas las heridas, el médico me ha condenado a 8 días más en abstinencia. El fin de semana, pienso mandarlo todo al carajo.
Día 12. Cambié el método. En lugar de "un día a la vez", estoy pensando en "hasta tal día", saber que esto tiene fecha de caducidad me alienta. Tengo ganas, sobretodo en la tarde.
Día 13. Fumé :)

viernes, agosto 26, 2011

Parte 7 - Enlace


Apostarlo todo a mis vicios, en una lucha permanente con el olvido. - ¿Temes ser olvidado? - A ver si por una vez dejas de decir estupideces románticas y te pones a escuchar, ni ser olvidado, ni dejar una huella, ni permanecer, date la vuelta, empieza a entender: Los recuerdos como piedra. - Papel y tijeras. 
- Anoche vi a Julia, pasé por su casa, sin darme cuenta terminé tocando la puerta. - Lanzando una piedra a la ventana. - No, esta vez si toqué. - ¿Con qué sentido? no esquives la pregunta con alguna frase retórica, ¿me puedes explicar para qué carajo sigues frecuentando a mi hermana? - No lo sé, Martín, no lo sé en serio, estaba por ahí, charlamos, eso fue todo, fumamos, conversamos, la persistencia como herramienta para evitar la incomodidad del silencio. - Previsible como siempre, ¿no? ¿por qué no te quedas en tu mundo de letras y falsos personajes, lo suficientemente lejos de la gente a la que le importas algo? Siempre previsible. - De mis súper poderes el que más agradezco es justamente no saber qué sucederá, ¿De qué serviría conocer de antemano el futuro? la depresión de no poder hacer nada al respecto, la conclusión postrada a la cama de forma irremediable. - Que te den por culo. Termina con esa historia de una vez. Apuesta por tus otros vicios, saca a Julia de tus adicciones. - De mis obsesiones, como una fijación con los finales, las despedidas solemnes, y poder determinar con exactitud como un hito cuándo sucedió. - Que te den.

lunes, agosto 22, 2011

Repeticiones

No sé si ya lo había mencionado, llegará el día en que Word o blogger me adviertan si me estoy repitiendo, pero hasta ese día, no queda otro remedio que confiar en mi memoria, que es selectiva, otra forma de decir: malísima para lo que le conviene. También hay que considerar que mantengo muchos diálogos imaginarios todo el tiempo, posts en borrador, una cuenta en twitter con más de diez mil actualizaciones, en fin, no puedo saber si es que ya abordé este tema antes.
Pero hoy he querido hacer un post honesto, porque al fin y al cabo, para eso me queda el blog.

A falta de máquina del tiempo, en algún momento empecé a hacerme cartas para la yo del futuro. Estaba segura que muchas veces no comprendería mis decisiones, así que adopté el método de escribirme notas, argumentaciones; y en ocasiones no necesariamente justificarme, sino escribir las emociones del momento, como un recordatorio simple, de que toda acción tiene su causa, y que dada mi frágil memoria, era probable que tiempo después no estuviera dispuesta a aprender ni siquiera de mi propia experiencia.

Por supuesto, mi yo del pasado no tiene las respuestas para todo, y a veces me resulta medio pesado escucharla, así que acudo a mi mejor amiga, quien ya debe estar cansada de que cada vez que extraño a X, le pido que me recuerde por qué es una mala idea extrañarlo. Y ella tranquilamente me repite las mismas cosas que yo ya sé, cosas que yo misma se las he dicho plenamente convencida, y así me va calmando la ansiedad y la nostalgia.

Ahora estoy en una especie de terapia, pero no tengo horarios de asistencia ni obligación de permanencia, por eso es "una especie de"; me re sirve, es más bien como un grupo en el que cuesta un poco definir el grado de pertenencia. Es muy bueno, no los puedo mandar al frente, pero el tema de que sea grupal me ha servido para darme cuenta que no solo nos repetimos en nosotros mismos sino en las experiencias ajenas, no se trata de un "ay, a mí también me pasó lo mismo" no es identificación sino repetición, pero eso se está tornando un poco más difícil de explicar.

En fin, hoy pensaba en esto porque me puse triste por algo, y me sé de memoria las respuestas, los consuelos, lo que me diría si yo no fuera yo, sino otra que me escucha y sabe a ciencia cierta que tanto de mi pena es por a y cuanto es por b motivos. Sé lo que tengo que responderme incluso antes de acudir a la nena para que me diga algo que me aliente y reemplace las lágrimas en mis ojos, sé la respuesta antes de incorporar el tema al grupo. Pero ¿cómo carajo hago para entenderlo?, cómo se hace para que el tiempo siga pasando y una no se haga la cabeza con cada inconveniente que se encuentra en el camino. En fin, esta ocasión, como tantas otras antes, también pasará.

martes, agosto 02, 2011

Parte 6 - fragmento

A las 11.30 de la noche sonó el timbre. Supe que se trataba de Martín por el ritmo con el que apretaba el pulsor; él no lo nota pero tiene una canción incorporada que marca muchas veces sus pasos, un silbido ocasional y distraído, un golpeteo automático sobre la mesa; si le preguntan, no tiene idea alguna de a qué canción se refieren. Está convencido que es un invento de alguno de sus amigos, sólo para ponerlo paranoico. 

A las 11.35 volvió a sonar. Quien me conoce sabe que a esa hora escribo, de todos mis amigos Martín era el único que se atrevería a pasar por casa a esa hora, no por olvidarlo, sino precisamente porque le importa un carajo. 

Levanté el citófono y sin preguntar quién estaba del otro lado, pulsé el botón con el que se abría la puerta, y toda vez que estuve levantado, aproveché para dejar entre abierta la puerta de madera del departamento. 

Pocos minutos más tarde Martín se encontraba dando vueltas por mi apartamento, son su extraña costumbre de olfatear el terreno, en la cocina fingió que sacaba algunas ollas, a tiempo se dio cuenta que nada tenía que hacer ahí y que tampoco le apetecía hacerlo; fue hacia la ventana, cazaba luces a través de las cortinas, y luego se dirigió hacia mí, estoy seguro que vio el texto que escribía a medias en la pantalla de la computadora, pero seguía sin importarle, regresó a la sala dio una vuelta al rededor del sillón y una segunda sobre su propio eje, al final se tendió sobre el sillón, completamente calmado. -"¿Qué haces?, chaval", -"Creí que hace años habías perdido el acento español. Escribía, pero apenas logro construir la escena, tengo personajes como muñecos acomodados en la repisa, sin que haya decidido aún qué voy a hacer con ellos." 

- En ocasiones siento envidia por ustedes, los escritores. 
- No entiendo el plural que estas utilizando. Respondí mientras le servía una copa. 

- Tienen el poder de la muerte en la punta de sus dedos cuando las apegan a las teclas. De la vida también, pero me llama más lo otro.
- No te sigo del todo, creo que vienes más avanzado de lo que imagine. ¿A qué viene todo esto?
- No, escucha, no quiero decir que seas una suerte de dios, puesto que no habrá uno de tus personajes que te rece, a menos que así lo decidas escribir, en cuyo caso, serías un dios egoísta, de esos a los que no vale la pena rendir culto. 
- Y un poco cruel, me parece, dotar a mis personajes, de la conciencia de su existencia y la preocupación de una deidad.
- Es a eso a lo que me refiero, ustedes tienen el poder en el espacio que se oprime entre sus dedos y el teclado.
- Otra vez el plural. 
- Puedes crear por ejemplo a una mujer fantástica, de esas que no existen más que en las novelas, en una línea dibujaras su cabello, negro y corto, un poco más arriba de los hombros, lacio y fino como una lámina de acero. 
 - Prefiero las pelirrojas de cabello largo y rizado, pero sigue. 
- La construirías descomplicada y soñadora, libre, con una mezcla de inocencia y malicia en la mirada, de esas que quizá deciden lanzarse a una aventura recorriendo caminos y coleccionando historias, salvándose a sí mismas mientras no pierdan el poder de la fantasía. La harías inteligente, con frases perspicaces, y con la facilidad que te brinda el idioma podrías mencionar sin ser explícito, que tiene curvas voluptuosas pero que su verdadero encanto está en la forma en que muerde su labio cuando está a punto de tomar una decisión entre dos opciones. Construida a tu antojo, muy lejos de tu imagen y semejanza, mucho mejor, un conjunto ideal al que cualquier lector generaría simpatía, la haces recorrer algunas escenas y luego en un descuido, casi sin querer, una mala pisada rompe el taco negro de acero que lleva puesto mientras camina por la estación del subterráneo, al tiempo que dice un improperio pierde el equilibrio, todo pasa muy rápido, cae sin mayor explicación a las rieles del tren, y no diciéndolo se ha descuartizado entre los gritos de horror de la gente que lo ha visto todo, queda únicamente la escena de sus dos delgadas piernas sujetas todavía al resto del cuerpo inerte.

Permanecí callado, me parecía apropiado decirle que aunque podría hacerlo, no sería una historia convincente, pero lo dejé terminar de hablar. 

- En las películas eso no puede pasar tan fácilmente, necesitas una justificación. Pero los relatos tienen esos permisos que la cinematografía no, a veces con una sola palabra se toman decisiones poderosas que el lector asimila recién cuatro líneas después, el escritor no tiene que explicarse, va dejando que la historia tome forma de manera orgánica en la mente de quien lee, dejar vivir el engaño en su cabeza, que lo digiera a su ritmo, permitiendo que la imaginación haga gran parte. 

No había nada más que decir al respecto, apagué el monitor y me acomodé a su lado. -De dónde vienes, Martin? 

- De nada, daba vueltas por la zona, no te imaginas a quien acabo de encontrar, no me lo creerías de todas formas.

viernes, julio 29, 2011

Parte 5 - Mercurius ter Maximus

Al rato me encontraba camino a casa cortando el viento a ritmo de death metal. Todo estaba muy claro; así debía terminar la noche: iría a mi casa, dejaría la bici, me cambiaría la camisa, al tiempo justo en que C me enviara el mensaje informándome sus coordenadas, e iría a su encuentro con la intención de meterla en mi cama. Sin embargo... 

Me cambié de ropa y quedé a la espera de un mensaje que nunca llegaría. Como no estaba dispuesto a perder ni un poco de la animosidad que me habían dado esas dos cervezas en el entretiempo del concierto, decidí salir a la zona de la mariscal; las posibilidades de encontrar a C eran mínimas, pero mayores de las que tenía si me quedaba en casa mirando el celular como un idiota. 

Con C no tengo que acudir a estrategias de galán fingidas entre sonrisas y miradas que ocultan alguna oscura intención. Aún cuando siempre me queda la duda de si a la mañana siguiente me veré envuelto en una situación incómoda de la cual no sepa cómo salir sin hacer daño. Y las obvias consecuencias de terminar algo que para mí, no habría ni siquiera comenzado. 

Caminé hacia la Calama y Reina Victoria, con la intención de tomar algo en el bar del Tota, encontré la puerta cerrada y el rumor en las calles de que había sido clausurado. Entré a la tienda y mientras me abría una cerveza la señora que atendía me comentó en tono de quien se sabe dueña de información valiosa que no era cierto lo de la clausura, la verdad era que mi amigo no pagó el arriendo "año tras año los veo pasar, es siempre lo mismo con esos locales, les va bien un tiempo y luego tienen que cerrar, la mala administración usted sabe, y todos los amigos que vienen a consumir como invitados; por cierto, es un dolar." 

Me pareció ilógico que todos los bares de rock corrieran con la misma suerte, mientras en la esquina hace diez años se escucha el ritmo de la bachata y la cumbia a casa llena, pero no quería discutir con la doña, pagué esa y la siguiente cerveza; a la una de la mañana me resigné a que no siempre se puede volver a casa con una presa entre los dientes, es parte del riesgo que se asume. 

Caminé hacia la Amazonas y en la tercera esquina giré a la izquierda, me acercaba con cada paso a varias representantes de la zona roja de la ciudad me ofrecían sus servicios a precios de menú. Saludé levantando la mano derecha y seguí mi camino, al llegar a la siguiente vereda me encontré con una rubia más bien bajita que me preguntó si tenía encendedor, me pareció una línea gastada, pero quién soy yo para negarle fuego a una chica que se inclinaba a propósito para mostrarme lo que no escondía debajo del escote. "¿hacia dónde vas?" preguntó, y le dije que a casa. Se auto invitó proponiéndome una noche que nunca olvidaría "podrás no recordar tu nombre, pero nunca una noche conmigo". Y al decirlo me miraba a los ojos, y por un momento creí que eso no le lo podía decir a todos. "y entonces, ¿te animas?" El brillo en los ojos de quien está a punto de cerrar un negocio. No me reconocía, me hubiese gustado llamarla por su nombre, Natalia, y probar si en su memoria aún quedaba algo de los días en la escuela, la declaración implícita de un amor incondicional en forma de caramelos. Me hubiese gustado ver si la luz en sus ojos se mantenía al llamarla como seguro nadie la ha llamado desde hace mucho tiempo, pero no lo hice. Terminamos el cigarrillo y decliné su propuesta con toda la gentileza que la nostalgia me permitió, esperaba un insulto similar al que me profirieron sus vecinas 15 minutos antes frente a mi rechazo, pero Natalia permaneció callada por unos segundos y luego dijo "nos vemos otro rato", yo contesté "sólo espero que no sea después de otros 20 años".


*Este post, supone ser la continuación de éste otro, escrito y luego brutalmente mutilado por un amigo. Yo se lo escribí en una suerte de reto, de ejercicio, y de ofrecimiento. Lo había escrito la semana pasada, y una vez terminado, lo perdí en mi teléfono celular. 



No creo que de la re escritura salga algo mejor, pero no tuve otra opción que tratar de rescatarlo de mi memoria. Siempre pensaré que el original me quedó mejor. Sin embargo, creo que es parte del juego de ésta historia en específico, ya que el post de la primera parte escrita por mi amigo fue absurdamente recortado hasta no parecerse en nada a lo que al comienzo leí. Y éste, también ha perdido líneas enteras y párrafos que no logro recordar.

miércoles, julio 27, 2011

Cosas de doctores

Me pasa siempre. El 100% de las veces que voy a un médico, el dictamen es el mismo. Y me pregunto: si a mí me pasa todas las veces, no puede ser sólo a mí, ¿no?. Muchos debemos estar en las mismas, no puede ser un extraño caso de concentración en una sola persona. 

En primer lugar, no me gusta ir, así que para que yo asista a una cita médica quiere decir que me preocupa en serio, me jode mucho, o me han insistido tanto que se volvió inevitable. Así que cuando voy, nada puede frustrarme más que los resultados. Siempre, pero siempre, la respuesta es la misma. "No sabemos qué tiene, por lo tanto no podemos hacer nada".
Paso de mano en mano, opinión profesional, tras profesión profesional, y al final, nada. Me mandan a la casa con un hueco en el bolsillo y una recomendación de que siga en observación y regrese si me sigue molestando. 

Con mi estómago, me tuve que acostumbrar, una puede aprender a vivir con dolor después de 15 años de mantener el mismo, claro, una aprendió a quejarse también y mis mas cercanos aprendieron a ignorar mis quejas. Fui al chequeo de control a la dermatóloga, en la primera cita que fui parecía casi emocionada de la posibilidad de que fuera cáncer, se decepcionó cuando le dije que el cáncer era la última de mis preocupaciones; entonces, hoy fui a control luego de seguir estrictamente con el tratamiento, con la novedad de que no había hecho efecto alguno, frente a esto ella insistía en hacer una biopsia y yo negada a hacérmela sin pruebas de que lo necesite. 
Luego me dijo que la otra opción era hacerme unos raspados, quemarme con ácidos y que eso crea una cicatriz que con el tiempo se cae y queda la piel nuevita. Tratando de contenerme, le expliqué nuevamente de cero el por qué yo había asistido, cuál era el problema y qué es lo que yo espero del tratamiento. En este momento ya tenía cuatro manos oscultándome, la respuesta fue que no sabían que era, que por lo tanto no podían hacer nada, que si quería hacíamos lo de los ácidos, y que caso contrario, pues no hay solución. 

Lo mismo con todos los médicos a los que voy, sea cualquiera el problema. ¿Son todos así de malos? Esta vez en serio, no me importa estar muriendo, no vuelvo a ir a un doctor. (excluyendo, por supuesto, la operación de la muela, que me está matando).


martes, julio 19, 2011

Semanal

Los martes me enamoro de ti, es un buen día para quererte. Los miércoles no quiero saber nada, todo esfuerzo es inútil, no te tengo. Jueves de The Cure. "It's friday I'm in love". Sábado, y tu brazo debería amanecer debajo de mi cuello. "Muero los domingos; y los lunes ya me siento bien".

jueves, junio 30, 2011

16:20

Permanece junto al marco de la puerta, algo le impide entrar, quieto, casi escondido, como si no quisiera ser visto, como si eso importara.
El llanto de la madre, de la viuda, de los huérfanos. El llanto, sólo el llanto. Los únicos que tienen lágrimas por derramar, son siempre los que quedan.
-          Gracias por venir.
Queda el llanto entre sollozos, entre gemidos y a gritos desesperados. Llanto que se esconde, lágrimas a chorros.
-          ¿Qué haces acá?
Y no hace mucho más que estar quieto, impedido de entrar, como si permanecer inmóvil fuese hacer algo.
-          Lo siento mucho.
¿Lo siente? ¿Dónde se siente? ¿Dónde duele? ¿Será posible decir algo, que no sea una repetición mecánica de palabras de aliento?. Como si los deudos quisieran escucharlo.
Sus pies retroceden, no es él quien ha tomado la decisión, sino su cuerpo el que se ve violentamente empujado a hacia atrás, como aquel que teniendo vértigo se inclina frente a un precipicio, la atracción del cuerpo. No hay necesidad de despedirse, da la vuelta y se marcha rumbo a casa, nunca antes la idea del calor de hogar le resultó tan confortable.