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sábado, septiembre 18, 2010

Y esa tristeza porteña de domingos grises

El fin de semana suele ser para muchos una esperanza, esperanza de que algo se produzca en la vida, que algo venga a romper el aburrimiento, por ejemplo. De que alguien nos venga a salvar la vida con una palabra, que conozcamos una persona maravillosa, de que suceda una cosa que produzca un cambio en nuestra vida, después de todo la única manera de combatir el aburrimiento es con modificaciones.
El aburrimiento consiste en la sensación de que no hay próxima ninguna modificación. Eso es el aburrimiento.

Y el domingo a la tarde sucede los mismo que en las fiestas cuando son las cinco de la mañana, que uno se da cuenta que ha esperado en vano, que no ha ocurrido algo extraordinario, que no han venido personas a salvarnos la vida, ni hemos conocido mujeres maravillosas, y entonces tiene sabor a desensaño esa hora.